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Sendantonio 2011, la crónica

publicado a la‎(s)‎ 21 jun. 2011 3:17 por Lapezoneria de Nigüella   [ actualizado el 21 jun. 2011 14:52 ]
En ese afán de mantener y recuperar tradiciones, este año nos propusimo recuperar una fiesta que el implacable paso del tiempo había dejado en el olvido.
El otrora venerado San Antonio quedó sin fiesta en favor de San Lorenzo y San Vicente, y no es justo que unos santos se lleven la fama mientras otros permanecen en un altar aburridos y con más pena que gloria.
No es que seamos muy devotos de este santo, ni de otros, pero las tradiciones tengan el nombre que tengan mantienen viva la cultura del lugar y buscar excusas tan pobres  como la falta de devoción para anular todo rastro de lo que fue en su día la fiesta, es cuando menos dudable.
Este año, quisimos pues hacer justicia "divina" y festejar de nuevo el día de San Antonio vinculando la celebración con una marcha popular por los alrededores del pueblo.
Preparamos dos rutas, una para los más valientes y que recorrería las crestas que flanquean la margen derecha del Isuela desde el azud que hay hacia Arándiga hasta el azud que hay hacia Mesones.
La otra ruta, mucho  más fácil, discurría por el camino del río hasta Panchán y vuelta. Esta segunda apta para personal de todas las edades.
A las 9, se ofrecía un desayuno popular con chocolate caliente, bizcochos y moscatel.  Entorno a una treintena de personas se dieron cita a la hora del desayuno para, aproximadamente, a las 9:15 partir unos por el recorrido difícil, por decir algo, y otros por el sencillo. Por el recorrido más largo, unos veinte caminantes, por el otro una docena.
Avanzamos por el camino hasta llegar a la zona de Panchán, donde Carlos nos advirtió de lo duro de la subida. Efectivamente al ser la subida, como el mismo comentó, "a cuchillo", había que sortear piedras sueltas, aliagas, romeros, ...; añadiendo a esto la gran pendiente de la primera rampa.
Más o menos enteros todos fuimos llegando a la cima del cabezo de Matavacas, dejando a mano izquierda a los Morrones. C arlos hizo de magnífico maestro de ceremonias explicándonos lo que nos íbamos encontrando a cada paso.
Superada la cumbre, con menos pendiente, vamos avanzando hacía la zona de Matavacas, y nos hemos de llevar un buen susto cuando JaviJ pisa una aliga XXXL y una punza, de la misma talla o superior, atraviesa la suela de la bota y parte del pie de nuestro compañero. Raudos, prestamos asistencia a nuestro compañero y lo que a primera vista parecía algo serio, queda solucionado con una simple tirita. Descendemos para cruzar el camino que va hacía Arándiga, y Morata, y tenemos la primera baja. Alberto nos deja y decide no seguir haciendo el cabra, prefiere volver a Nigüella por el camino. Ya se sabe que los excesos de la noche se pagan por la mañana. Todos menos uno, continuamos de nuevo hacia las crestas que flanquean la margen derecha del rio. Un ascenso algo menos duro que el anterior y de nuevo alcanzamos un punto con unas vistas privilegiadas. Al alcance de nuestra mano: el Pico del Rayo, la Sierra de Morata, la Sierra de la Virgen, todo el valle del Isuela, Monegre, la Buitrera y la Lezna, ...; explendido lugar para tirar unas cuantas fotos. Continuamos ahora por un camino excasamente mantenido, el cual nos conduce hasta el mismísimo almuerzo.
Unos y otros reponen fuerzas al calor de la bota generosamente ofrecida por nuestros amigos los Cenefos.
Terminado el almuerzo, continuamos por camino y dejando a nuestra izquierda al cabezo Royo tomamos dirección a Valdiuina. En el punto más alto de la cresta giramos a la derecha para comenzar el ascenso a la Zumaquera, que sería la última ascensión de la marcha. En la parte más alta, fotos, risas, bromas y ambiente festivo.
El descenso desde aquí es complicado pues hay mucha piedra suelta y abundante maleza. Pero, poco a poco todos vamos llegando hasta el camino que nos conducirá de nuevo al parque.En el parque nos esperaban los que, habiendo acabado hace rato el recorrido corto, nos habían prepado un magnífico vermú: cervezas (calientes y frías), espárragos, vino, olivas, anchoas, patatas, atún, y los caracoles de Angel, menuda delicatessen.
Un generoso vermú nos abre puertas al plato fuerte del día, una paella para sesenta personas de la cual disfrutaron chicos, chacos y todo bicho viviente que tuviese el placer de probarla.
El postre obligaba a probar las cerezas que se habían ofrecido al santo, como se hacía antiguamente, en un improvisado altar.
Todo un éxito de celebración que con toda seguridad no será la última.