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Visita a Bodegas Añadas

publicado a la‎(s)‎ 12 dic. 2012 9:47 por Lapezoneria de Nigüella   [ actualizado el 13 dic. 2012 2:36 ]
El pasado sábado 8 de diciembre hicimos una excursión enoturística a Bodegas Añadas, más conocidas por su famosa marca de vino: CARE. Ubicada en Aguarón, en el centro de la Denominación de Origen Cariñena, en una de las zonas históricas y emergentes de la vitivinicultura nacional.
Allí nos presentamos a la hora convenida, 12 y media, trece enoturistas de excepción: Sergio, Lorenzo, Patri, Eva, Fermín, Bea, Ati, Carlos, Soraya, Vicky, Susana, David y un servidor. Unos desde Nigüella, otros desde Zaragoza, pero todos puntuales y entusiasmados con la excursión que nos había preparado Patricia (La Patri, la mujer del Loren).
Enseguida un guía con fuerte acento aguaronés y ligero acento francés nos condujo en una de las primeras naves de la bodega, donde tras una breve explicación nos guió de inmediato al exterior donde pasamos un frio terrible mientras nos imaginábamos los granos de uva dando vueltas en el sinfín y cinta de alimentación, ahora parados pero dará gusto verlos en plena acción en la época de la vendimia, sobre todo porque seguro que no hace tanto frio como el día de diciembre elegido para la excursión.
Vuelta a la nave y ahora vamos viendo todo el proceso de elaboración del vino, desde la maceración, fermentación alcoholica, maloláctica, prensado, mezcla, filtrado, ...; grandes depósitos albergando esa deliciosa y sutil bebida milenaria.
Llegando a la nave de crianza, una gran cantidad de barricas de roble francés y americano nos reciben a ambos lados de la estancia. Todo el vino que produce la bodega pasa por barrica, nos dice el guía, pero a más de uno nos llama la atención el que con esa cantidad de barricas que hay en la nave no dan para tantos litros como los que hay en los depósitos que habíamos visto anteriormente, pero bueno ingeniería vinícola en acción.
De la sala de crianza pasamos a la planta embotelladora, una planta pequeña pero con un capacidad de producción espectauclar: 2.500 botellas por hora, eso si que son botellas; con un minuto de funcionamiento me conformo.
De las botellas fuimos a los nichos, que en la planta subterránea guardan con mimo las botellas de los vinos ya criados. Es curiosa esta sala pues efectivamente el nombre es muy acertado, sugiero ver la foto en este mismo artículo.
FInalmente, uno de los momentos esperados, la cata. Nos presentan tres vinos: rosado, tinto joven y tinto crianza. Nos explican todo aquello de que se cata en tres pasos: vista, olfato y gusto. Comenzando con la vista, entre tonos morados, limón o rubí, yo me quedó la acertada valoración de Fermín: "a la vista, poco"; ya se sabe que en las catas uno no va a ponerse ciego de beber, pero tampoco a mojar los labios solamente... Fuera de bromas, la cantidad de la ración para la cata fue buena.
En cuanto al olfato y al gusto, muchos fueron los aromas y sabores que todos decían pero para los profanos como yo, el vino es bueno si cuando entra por la boca, cae por la garganta y alcanza nuestros adentros, el alma se alegra de forma súbita y se siente como una "petit mort" que dicen los franceses (homenaje al guia).
Terminada la cata con maridaje incluido, nos dirigimos al restaurante donde nos sirven un menú digno de reyes. Menú sofisticado y equilibrado en cantidad, ahora si disfrutamos del vino CARE, estupendo por cierto, en la cantidad deseada por cada uno.
Lástima que, aunque insistimos, no tuvieran una guitarra para acabar una comida de La Pezonería como es debido, cantando la Amapola por parte de Lorenzo, y luego todos unidos alguna copla más.
En fin un sitio recomendable para visitar y un restaurante más que recomendable, en relación calidad precio le damos un 8 alto.

 
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